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'a' Records / 2018
26/Jun/2018
Anton Newcombe es uno de los artistas más arriesgados de nuestra era. Siempre ovacionado y en ciertas ocasiones incomprendido, el multiinstrumentista nacido en Newport Beach con ahora 50 años de edad, ha remado por casi tres décadas con uno de los proyectos contraculturales más interesantes de la actualidad. Considerada como banda de culto, The Brian Jonestown Massacre nos entrega su décimo octava placa de estudio, y como en cada producción, reafirma el por qué seguimos admirando a la agrupación y sus creaciones a lo largo de todos estos años.
El trabajo de Newcombe nunca es sencillo, si así lo fuera, creo no lo tendríamos en un peldaño tan alto. Con Somenthing Else grita que siempre existirá algo más de The Brian Jonestown Massacre, un espiral creativo que al parecer es infinito, y el cual tiene el toque de autoridad de los de San Francisco. Cabe destacar que no se aleja de la paleta de colores favorita de la banda, que con tintes de la denominada neo psicodelia, te adentra en un mar de sonidos y vibraciones encargados de curar el alma.
El increíble inicio con "Hold That Thought" te reencuentra con esos grandes trazos de psicodelia y algunos destellos folk que conforman esa gran amalgama musical con la cual los de California han creado un tributo a toda la historia del rock. Si hay algo por destacar de este disco no es la reinvención, sino el sublime género que The Brian Jonestown Massacre se ha encargado de perfeccionar en cada pieza de estudio, y que sin duda los hace únicos dentro del extenso rubro musical. ¿Pero de verdad se podría considerar como género? Yo creo que sí, y es gracias a la constante exploración que se han ganado esa medalla de honor y admirable distinción, muy pocas bandas gozan de ello.
Como en cada producción de la banda, la experiencia desemboca en las profundas letras de cada pista, desmenuzando el interior de Newcombe, y así descubriendo un artista completamente renovado pero con una visión auténtica de temas que van desde la política hasta su percepción del amor. Otro gran acierto de Somenthing Else y la capacidad disyuntiva que puede ofrecer su concepción creativa. Fuerte y sin titubeos, Anton sigue con su viaje en el cual te sumerges más y más con el pasar de los minutos. Su voz retumba en el eco y las guitarras explotan con requintos repletos de distorsión. “Skin and Bones” y “My Poor Heart” son quizá el punto cumbre del disco, con un órgano espacial que despega un deleite auditivo en tu cabeza donde no existe marcha atrás.
Foto de Bradley Garner
“My Love” es un momento fulminante, un recordatorio de ese eclipse shoegaze que suele cubrir en ocasiones el manto de The Brian Jonestown Massacre, y que por sencillo que suene, se conecta de manera perfecta con su brecha psicodélica. “Who dreams of cats?” rompe con el ambiente creado anteriormente, subiendo de nueva cuenta el tono transportándonos al sonido autoritario en el cual la banda cimentó sus bases en la década de los 90, caso similar a “Fragmentation”, y el acercamiento al inevitable epílogo del trabajo.
Somenthing Else cierra grande el impecable trayecto, un broche de oro que no esperabas y que agradeces fuera colocado al último del tracklist. “Silent Stream” pareciera pertenecer a un disco totalmente distinto, con un órgano con bases orientales y una intrigante guitarra acústica, Anton está en un plano existencial alterno, donde solo él y su música coexisten. Punto clave si quieres saber de qué se trata la masacre musical creada por Newcombe.
Y tal vez sin querer serlo y por la lejana distancia que el artista guarda hacia explotar su música de manera comercial, The Brian Jonestown Massacre siempre termina sorprendiendo. Una banda inusual pero con un grado de autenticidad que raya en la soberbia. Nunca podrás encontrar un disco similar de la banda. Ese podría llegar a ser su sello particular. Una pronta visita de la banda a México sería sublime.
8
Outer Battery / 2018
26/Jun/2018
Después de haber conquistado la edición 2018 del festival Roadburn con sus sets explosivos llenos de psicodelia, la banda californiana Petyr nos presenta su segundo LP Smolyk con una duración de 45 minutos a través de Outer Battery Records. En este disco, el skate profesional y líder de la banda: Riley Hawk (hijo del ícono Tony Hawk) logra una cohesión en un espectro de tonos ácidos, naturales y fluidos de hard rock clásico, acercándose a métodos progresivos sin perder el groove que es el sentido primordial.
Este material arranca con un trip de fuzz dividido en cuatro partes cortas: "Smolyk Part 1", "Smolyk Part 2", "Smolyk Part 3" y "Smolyk Part 4", con una sección rítmica donde la batería y el bajo anclan la mayor parte del sonido, mientras los riffs se vuelven un remolino envolvente que prevalece a lo largo de los cortes caleidoscópicos, que son matizados por una voz distorsionada y borrosa que parece deleitarse en el caos de su propia creación.
La improvisación es una parte angular en la metodología de la banda, por lo que no es una sorpresa que "Sunrise Double" se muestre como un punto destacado empapado de stoner y una línea repetida con fervor alucinógeno, es una oleada creciente de riffs en la ejecución total de siete minutos. Después, la banda sorprende con "Salt Lake", un jam instrumental hipnótico con un enfoque más estructurado a través de torrentes de solos y boogie ácido. En este lapso, Petyr todavía encuentra espacio para atascarse con "Grease 'em All", un sonido más rudo que les sienta muy bien en medio de el enloquecedor e insistente riff con un empuje ponderado que demuestra de manera efectiva la vitalidad de la banda.
Llamarlos skate rock parece bastante justo porque resume y representa el interesante movimiento pesado de la costa oeste de California, por ejemplo en "Zero Time (Dark)" el atractivo es la completa falta de pretensiones, lo que obliga a la canción a transcurrir de forma natural aludiendo al riff y asintiendo a las vibraciones. Finalmente, Smolyk cierra con un punto coherente y duro: "Distant Shores", que tiene una producción nítida y equilibrada por una frecuente sensación del sonido en vivo. Es un jam vigoroso que, a medida que pasan las voces, se quedan atrás a favor del uso de efectos durante la hipnosis hasta que la pieza parece desintegrarse.
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