8
Rhino / 2020
26/Feb/2020
Antes de comenzar propiamente mi reseña, debo advertir que escribir sobre Stone Temple Pilots actualmente, tratando de esquivar el fantasma de Scott Weiland, es todo un reto a nivel personal que he tenido ya cuatro años y un álbum con Jeff Gutt para asimilar. Se trata de una de las primeras bandas cuya música me atrapó en la vida, esto por influencia de mi hermano mayor quien sí había nacido cuando salieron Core y Purple, CDs que más tarde me expropié de su colección y reproduje hasta el cansancio.
A veces injustamente tachada de una mala copia de Pearl Jam y otras relegada a una esquina lejana detrás de otros actos de rock alternativo noventero más reconocidos como Nirvana, Soundgarden o The Smashing Pumpkins, Stone Temple Pilots con todos sus altibajos y conflictos entre Weiland y sus compañeros, ha forjado un estilo ecléctico. Tanto así que superó el sonido grunge y ha transitado por el bossanova, lounge, country, folk y su sonido rock ha fluctuado entre lo clásico, lo psicodélico y lo pesado.
El segundo álbum homónimo de Stone Temple Pilots marcó el debut de Gutt con la banda, fue un material que no se despegaba del camino que habían trazado con Weiland, pero que mantenía el barco a flote. Con Perdida, el segundo trabajo de esta nueva etapa de la banda no solo se mantienen navegando, sino que exploran aguas inexploradas en busca de una nueva ruta.
Perdida es el primer álbum de Stone Temple Pilots completamente compuesto de temas acústicos y aprovechan la oportunidad para probar nuevos estilos e influencias que van desde el folk celta (“She’s My Queen”) hasta el sonido de mariachi (“Miles Away”, “Perdida”), incorporando a la mezcla elementos nuevos o inusuales en su música como flauta, sitar, piano y secciones de cuerda. Es quizás su giro más radical desde Tiny Music...Songs From the Vatican Gift Shop.
No por ser un álbum acústico se extraña completamente la guitarra eléctrica de Dean DeLeo, podemos escucharla decorar discretamente temas como “Fare Thee Well” con un slide de tintes country, en “Three Wishes” -que bien podría ser la hermana perdida de “Pretty Penny”- y también en el tema final “Sunburst”.
Además de los delicados rasgueos de acordes acústicos bañados por el suave bajo de su hermano Robert, los momentos en que brilla en solitario Dean con sus solos acústicos (“I Didn’t Know The Time”, “You Found Yourself While Losing Your Heart”) brindan una paz y serenidad que es tan característico de las baladas de Stone Temple Pilots clásico.
"Sunburst" destaca por su tempestad sonora, así como por una letra sobre lo efímeras que pueden ser las cosas o las relaciones, es un cierre apropiado que a la vez con su crescendo y desvanecimiento me brinda la imagen mental del sol que se pone en el horizonte como anunciando el final del día.
El título del octavo álbum de la agrupación no es aleatorio, aunque la falta una tilde para ser sustantivo y no adjetivo, la “pérdida” es la base lírica de estos diez temas. Pero es engañoso en el sentido de que estas canciones no lidian específicamente de la partida de Weiland y Bennington, Gutt como miembro oficial escribió la mayoría de estas letras sobre experiencias personales en el amor y, según él, solo “I Didn’t Know the Time” hace alusión a ellos aunque no llegó a conocer a Scott.
Jeff Gutt no es la primera persona que reemplaza a Weiland, desde antes de la trágica muerte de este último, los hermanos DeLeo y Eric Kretz ya tenían una relación turbulenta con él a causa de sus problemas con las drogas y buscaron otra voz para la banda. El primer suplente fue Chester Bennington, quien lamentablemente tampoco está con nosotros ya.
Claramente Gutt tenía unos zapatos demasiado grandes que llenar y los integrantes sobrevivientes de Stone Temple Pilots encontraron en él la voz gemela de Weiland, el parecido es impresionante, como si hubieran encontrado la forma de preservar la voz de Scott antes de que se nos fuera. Algunos podrían tacharlo de carente de personalidad, mientras que habrá quien aprecie la similitud como pasó con Alice In Chains, banda que pasó por una situación similar y lleva ya más de una década con otro vocalista.
En palabras cortas, Perdida es un álbum bello -desde su portada que refleja perfectamente el sonido que emana de él-, es melancólico, un tanto espiritual y catártico. Hay que tomarse el tiempo para digerir estas canciones, darle una escucha en un espacio de tranquilidad y sin interrupciones para que no suenen indistinguibles una de otra.
Se aprecia el cambio de dirección y de paleta sonora, es precisamente lo que necesita una banda con una trayectoria de tres décadas y que ha pasado por la muerte de dos vocalistas. Stone Temple Pilots a pasos pequeños vuelve a levantarse y si eres un fan abierto al cambio seguirás apreciando que los DeLeo y Kretz sigan haciendo la música que aman, si no lo eres, perdiste el interés desde hace mucho tiempo.
10
Heavenly Recordings / 2020
25/Feb/2020
Arriesgado es afirmar que Disco Volador será uno de los mejores álbumes de este año; pero hay que apostar y seguramente más de uno votará hoy mismo por él. Y es que The Orielles, la joven banda inglesa que con dos placas ha causado revuelo en la escena, sigue con ese halo de vitalidad y alegría que destacaron en su primer disco. Además, a través de sus composiciones resultan fieles a una de las esencias del indie: a éste hay que saber llegar. Las chicas de ésta banda lo saben y lo hacen, al escucharlas es inevitable no recordar a los grandes grupos de mujeres reinando en los garajes y los mundos subterráneos donde se cocinaban las mejores propuestas musicales de los años 80-90.
Bienvenidos entonces a un camino perfectamente construido de inicio a final, “Space Samba” abre la placa de diez temas que mezclan funk, pistas electro, detalles disco, boogie y hasta pinceladas de house dance. ¿Todo eso? Y más. Basta con darle play para quedar atrapado en esa sinfonía que apunta hacia el cosmos.
Éste, es un extenso catálogo musical que muestra un horizonte amplísimo para esta banda, la mezcla exacerbada de ritmos y texturas mágicamente logra una armonía propia de una galaxia.
Disco Volador tensa las cuerdas del tiempo y las destensa en una suerte de composición libre que por momentos da la impresión de que nunca podrá ser ejecutada de nuevo. Como si la agrupación (Sidonie B Hand-Halford, en batería, Esmé Dee Hand-Halford (bajo y voz) y Henry Carlyle Wade en voz y guitarra) se hubiera juntado en el estudio a improvisar y como resultado arrojara sus esqueletos en una danza interminable hacia el espacio.
“Memoirs of Miso”, por ejemplo, nos regala un saxofón meloso a mitad del tema para descolocar los ritmos agitados del surf-pop a los que veníamos acostumbrados. Como resultado, el tema deja de ser él mismo para convertirse en otro.
“Whilst The Flowers Look” nos confunde brevemente con su introducción de órgano tétrico mezclado con lo que podría ser el efecto de un platillo volador de los años 80. Aquí la voz vuelve a cobrar protagonismo en un suave surfear sobre olas de acordes eléctricos.
Probablemente la mejor canción de ésta entrega y una de las más eufóricas: “Bobbi's Second World”, desemboca en la que quizá es la más tranquila “Whilst The Flowers Look”, pero incluso este tema tiene una pepita de oro hacia el final del mismo, donde un caleidoscopio de voces entran para llevarse los aplausos.
No podía faltar la pista donde se luciera el bajo, ésta es “The Square Eyed Pack”, que como toda la estructura musical, también integra diversos foley diseñados por mentes brillantes.
Entonces hagan ya sus apuestas, quien pugne por el retro pop espacial de Disco Volador seguramente será el triunfador, tal como ellas lo son desde el centro de la tierra hasta las pléyades.
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