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Floating Features / 2018
21/May/2018
Viajar; siempre ha sido una de las actividades predilectas de la mayoría de la población y, vivir viajando, la meta de un gran número de personas, ¿por qué son tan valorados los viajes? La respuesta varía dependiendo la persona; algunos se abren a nuevas experiencias, a otros les permite conocer nuevas mentalidades, unos cuantos aumentan su conocimiento cultural y, algunos otros, descansan. Sin embargo, hay un tipo de viaje que, bajo las circunstancias adecuadas, es una grata experiencia que, injustamente, muchas veces no es valorada… los viajes en carretera.
Un buen viaje en carretera, con la música, paisajes y personas adecuadas, es una experiencia invaluable y única; similar a Floating Features, el tercer álbum de larga duración de La Luz. Un disco plagado de garage rock, riffs de surf y melodías oníricas y armoniosas.
El material, coincide con el cambio de ciudad que las artistas estadounidenses tuvieron que hacer al migrar hace poco de Seattle a Los Ángeles, suceso cuya influencia en el álbum es notoria desde “Floating Features”, pista de nombre homónimo al material que sirve como intro con su rock sesentero y su conexión con “Cicada”, track que por momentos recuerda a bandas como Lost Acapulco o Sleater-Kinney, y que sirve como el inicio de este viaje en carretera.
Continúan “Loose Teeth”, canción con riffs agradables y distorsiones ocasionales, y “Mean Dream”, con un inicio que recuerda a Radiohead y donde se empieza a manifestar la temática de los sueños que estará presente a lo largo del material.
Posteriormente llega “California Finally”, que como su nombre lo indica, es el momento en el viaje que, junto a las chicas de La Luz, cruzas el puente hacia California, el corte perfecto para ese momento en que estás llegando a tu ciudad destino.
Mientras estás entrando a la ciudad, la psicodelia comienza a mostrarse a través de “My Golden One” y “Greed Machine”, ese momento en el coche en que te quedas inmerso en tus pensamientos, hasta que después, llega ese segundo aire en el viaje en el que despiertas a través de “Lonely Dozer”, uno de los tracks con mayor intensidad.
Finalmente, es ese momento en el que sabes que estás a unos minutos de llegar a tu destino, donde el tiempo comienza a transcurrir más lento a través de “Walking into the Sun”, rola con acordes lentos y que rompe con el esquema de canciones que habías estado escuchando para, posteriormente, concluir con “Don’t Leave Me on the Earth”, un cierre intenso y plagado de surf y alegría.
Floating Features, como todo viaje en carretera, no es perfecto de inicio a fin. Tiene momentos de alta inspiración y momentos que cansan e incluso, aburren. El material no equipara la pasión que se puede escuchar en It’s Alive, ni la planeación que se puede notar en Weirdo Shrine, su relevancia radica en que representa un hito en las vidas de las estadounidenses y en su intento por plasmarlo; será interesante ver qué prosigue en la carrera y sonido de las integrantes, pues un cuarto material, después de haberse aclimatado a los cambios inevitables de una mudanza, podría superar lo hecho hasta ahora.
9
Domino / 2018
18/May/2018
Keith Richards dice tener 3,000 guitarras. Stephen Malkmus dice que alrededor de 10. Uno es uno de los guitarristas más importantes de todos los tiempos, maestro del blues, y dice que puede hacer sonar igual a todas las guitarras del mundo. El otro también podría ser considerado uno de los guitarristas más importantes, quizá no unánimemente, pero al menos para el indie norteamericano, sí sobresale como héroe de culto. Quizá no haya vínculos más importantes entre ellos, dos intérpretes alejados en años y en impacto mediático, pero lo que Richards no sabe, es que en la sala de Malkmus hay una escultura de su esposa —la artista Jessica Jackson Hutchins— que se llama Keith and Anita. Mezcla glitter y amor, los altibajos de un amor imposible como el que Richards y Pallenberg protagonizaron años atrás.
Lo anterior tan solo sirve para ver a Malkmus como un músico que no teme salir a la calle por ser reconocido. No tiene el glamour de los rockstars de antaño y al parecer tampoco lo quiere. Es un tipo que gusta de jugar tenis en sus tiempos libres, apoyar a los Pistones de Detroit o los Broncos de Denver, y leer poesía de artistas psicodélicos de los 60 y hipsters de los 40. No obstante, aquéllos versados en las guitarras noventeras, los fanáticos del sonido de Dunedin de finales de los 80, de las afinaciones que se salen de lo convencional en los riffs, de canciones como “Major Leagues”, “Cut Your Hair” o “Shady Lane”, saben que Stephen Malkmus no es un tipo normal. Es el genio que alguna vez estuvo detrás de Pavement.
Cuando se le pregunta acerca de The Jicks, Malkmus sabe que Pavement es un recuerdo permanente. Por suerte, dice, los fans también gustan de la “nueva banda”. Porque aunque vayan a cumplir 20 años e incluso haya sacado más discos con Stephen Malkmus and the Jicks que con la banda que se dio a conocer, siempre se verán como su segundo proyecto. Cosa que puede ser buena o mala, pero con la conciencia tranquila como parece estar la del compositor, las expectativas son holgadas, y la gente suele tomar con mejor opinión si un disco del que no se espera nada, supera las expectativas, a que si una banda insignia lanza un trabajo del montón.
Sparkle Hard llega en el 2018 con el sello inconfundible de Stephen. Si se presta la debida atención, quizá se distinga que los agudos ya no salen tan fácil, pero la voz sigue familiar. No se escucha como el tío semi cool que sigue queriendo hacer música pasados los 40, pero ya no da una y al contrario, existe una cierta nostalgia agradable para los que crecieron con las canciones que ha manufacturado durante toda su carrera. Es Stephen regresando al camino en que se siente cómodo. Ya hace 10 años había probado algo más ambicioso, un disco con canciones largas que deambulaban entre el progresivo y el jammeo inspirado en Grateful Dead. En el 2014, se le escuchaba más en sus terrenos, pero igualmente había algo que no terminaba de encajar para hacer un gran, gran material.
En este disco hay de todo. Guitarras pesadas con “Shiggy” y temas como “Refute” que parece un himno de otros tiempos, donde una tal Kim Gordon hace una aparición y se cuenta la historia de dos enamorados que entre retratos de Egon Schiele, papas a la francesa y libros, encuentran eso que entrelaza las vidas. “Middle America” es el canto a la mediana edad, las cuestiones sobre el legado y el qué se hace con la vida desde un punto de vista más maduro. ¿Se observa o se actúa? Stephen dice que no va a quedarse quieto.
Una conjunción de historias honestas, de gustos impregnados en las letras, de ganas de hacer música, son lo que hace a Malkmus uno de los compositores más importantes de su generación. Quizá no es la pluma desafiante que cuestione las problemáticas sociales abiertamente, y que encuentre en la música una manera de alzar la voz para establecer lo que está mal en el mundo, pero sí es una pluma que sirve para apreciar lo cotidiano, las relaciones humanas, los deportes, los años de tu vida en los que escuchas a tus bandas favoritas, conoces a personas que te acompañarán durante los años venideros y que además de todo, hace coros pegajosos con riffs que, si tienes suerte, podrás aprender. Sparkle Hard es un buen punto de partida para los que apenas conocerán a Stephen y un gran catalizador de sonrisas para los fanáticos más fervientes de Pavement.
No importa si son una, dos, cinco o tres mil guitarras, lo que importa es la calidad de lo que se quiere compartir. Y a Stephen Malkmus le bastan 10 para seguir escribiendo su nombre como ídolo de los personajes que gustan de no angustiarse más de lo necesario por la vida, siempre y cuando su equipo favorito no pierda contra el odiado rival.
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