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Kehlani — It Was Good Until It Wasn’t

9

Kehlani
It Was Good Until It Wasn’t

Atlantic / 2020

Artista(s)

Kehlani

Kehlani: Conversaciones de la intimidad que se convierten en canciones para sanar.

Una de las tareas de cualquier artista, y quizá la más complicada de todas, es la de retratar su particular visión en su obra: ya sea un discurso contemplativo, uno de crítica, introspección o un mero registro de lo que acontece. De esta manera, Kehlani se ha consagrado como una verdadera artista con su segundo álbum de estudio.

La vida de la cantante y compositora de Oakland ha estado siempre en boca del mundo, o al menos desde que saltó a la fama. Eso no es nuevo. Tampoco es nuevo que sus canciones tengan una parte de autobiografía en ellas, pues tal como lo hizo en 2017 con SweetSexySavage, el disco que nos anticipaba ya desde hace un mes con los sencillos “Toxic”, “Everybody Business” y “F&MU” viene cargado de esa sensación de ensayo sanador.

Si hay algo que ha caracterizado a la cantante de R&B, además de su exquisita y particular voz, es el storytelling que contiene cada uno de sus temas, y que dan forma a cada uno de los proyectos que hemos tenido oportunidad de escuchar. Desde la musicalidad y las emociones vertidas en cada corte, hasta las letras profundas y personales, It Was Good Until It Wasn’t no pierde esta tradición que, al menos yo, agradezco infinitamente.

Empiezan a sonar sintetizadores que entibian el ambiente con “Toxic”, una pieza llena de sentimientos dolorosos y reveladores. La voz de Kehlani seduce y al mismo tiempo somete a quien escucha: una canción que bien podría funcionar como tema durante un lap dance o como aquella que enviarías a tu ex pareja agradeciéndole por toda la mierda que te hizo más fuerte. Los vocales del fondo pertenecen a Ty Dolla $ign. El siguiente tema es “Can I”, en donde aparece junto con Tory Lanez, siendo uno de mis tracks favoritos del trabajo. Las voces de ambos se persiguen en cada uno de los versos y la manera en la que se conjugan para llevar la sensualidad del tema a un punto tan excitante es simplemente impecable.

“Everybody Business” es uno de los temas centrales de todo el álbum, pues en él se representan los motivos que rodean todo el material: rumores, infidelidad, relaciones personales que se vuelven del dominio público; todo esto con una composición musical tranquila dominada por una guitarra que acompasa lo terso de las palabras de la artista. “Grieving” a su vez es una de las piezas más peculiares, no solo por la colaboración con James Blake, sino por la sensación de flotar en un espacio oscuro en el que, sólo por momentos, se puede ver una luz que da esperanza. Se convierte en una zona estéril, pero que cobija y, al tiempo que nos mantiene a salvo, nos empuja a salir. 

Una de las sorpresas más grata es “Bad News”, que se mantiene en una atmósfera melancólica e introspectiva. Con la ayuda de Col3trane en el fondo, la nostalgia de la instrumentalización ayuda a sumergirnos más dentro del álbum. 

En general el disco mantiene una línea lírica muy marcada, pero cada uno de los 15 temas tiene una particularidad única que hace que escucharlo sea un placer casi masoquista. Lo menos interesante de todo, por raro que parezca, son las colaboraciones, pues aunque los nombres son grandes, pudieron nunca ser y lo grandioso del álbum seguiría ahí… aunque claro que suman y son un regalo que se agradece.

Así, It Was Good Until It Wasn’t, puede ser un álbum sencillo y que no sorprende viniendo de quien viene, pero es un trabajo que conjunta lo mejor de la californiana y que, aún así, marca un nuevo punto de partida para el sonido y la carrera de Kehlani.

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Sparks — A Steady Drip, Drip, Drip

8

Sparks
A Steady Drip, Drip, Drip

BMG Rights Management (UK) Limited / 2020

Artista(s)

Sparks

13/May/2020

Sparks le da la bienvenida al nuevo mundo, con anotaciones de lo que debemos dejar de hacer.

Son pocos los grupos que llegan al medio siglo de existencia, son aún menos las que se mantienen haciendo música y no están vendiendo su tercera gira del adiós. Los hermanos Mael están muy por encima de todo eso, pues a pesar del tiempo, han demostrado que sus creaciones en Sparks aún valen la pena. 

Hace tres años, la banda nos sorprendió con Hippopotamus, un disco intenso e inteligente, que se centraba en sus viejas obsesiones. Ahora, la agrupación de Los Ángeles regresa con un disco que nos presenta el mundo bajo los extraños ojos de Ron y Russell, un material que podría confirmar una nueva etapa, brillante y prolífica, de Sparks

A Steady Drip, Drip, Drip abre de una manera muy inesperada, con un himno lleno de instrumentos de viento y solemnes coros. Sin embargo, esta primera probada llamada "All That", aunque puede parecer un himno fuerte y memorable, es llevada directo al olvido por los violentos riffs y la demencia de su sucesor: "I'm Toast". Es en este segundo track, es donde verdaderamente podemos sentir el vibrante carácter de la banda y donde reclaman nuestro interés. 

El grupo, como era de esperarse, no sigue una línea. Su camino es sinuoso y cambian de dirección constantemente, así que no es sorpresa encontrarnos con piezas como "Lawnmower", un tema que explota el elemento de lo absurdo y lo domina con una melodía pegadiza, casi infantil.

Desde una mirada lejana, este es un disco de desemejanzas, un lanzamiento que busca llevar la versatilidad a sus extremos. Esto se ve reflejado sobre todo en "Pacific Standard Time" y "Stravinsky's Only Hit". El primero es un tema serio e incluso algo sombrío, mientras que el segundo nos regresa de manera inmediata a la burla y la irracionalidad.

La primera mitad del álbum nos presenta todo lo que habíamos esperado: excentricidad y teatralidad. Pero fuera de algunos sonidos, esta parte del disco no ofrece nada diferente, nada especial. 

Es hasta el track número ocho, "Self-Effacing", cuando vemos uno de los mejores momentos de Sparks. Esta es una canción fascinante, que retrata la angustia y la decepción del oficinista común. La letra realmente contagia el pesimismo y la desilusión, lo que me parece muy interesante, pues cabe destacar que los hermanos Mael jamás han tenido un trabajo de ese estilo. 

"One For The Ages" y "Onomato Pia" nos regresan a ese Sparks un poco más pop, con ritmos punzantes pero no desagradable, que no se hunden por completo en la alegre demencia pero tampoco en lo tenebroso o lo lúgubre. El disco, a pesar de desbordar genialidad y emociones, necesita sus momentos de equilibrio. 

A Steady Drip, Drip, Drip es un libro de notas, es un comentario al nuevo mundo, sobre cómo ha cambiado y cómo hay cosas que nunca cambian. Podemos concebir a una Alexa o un smartphone como extensiones de nosotros, pero no podemos evitar las crisis existenciales ni las decepciones de lo que nos hemos convertido. Creo que ese es el mensaje que nos quieren comunicar con temas como "The Existential Threat" y "iPhone".

Finalmente, Sparks cierra este diario jugando con el doble sentido en "Please Don't Fuck Up My World". A primera vista una canción afectuosa, pero que tiene detrás un reclamo a las terribles conductas autodestructivas.

Este álbum deja en claro que los hermanos Mael nunca van a cambiar, pero que eso no es precisamente algo malo. A Steady Drip, Drip, Drip continúa a lo largo del camino extraño y sinuoso de los materiales anteriores y más complejos de Sparks. Aunque este disco es más extraño de lo normal, también es mejor.

Musicalmente, los hermanos Mael no suenan como una banda saliendo de escena. Sparks suena a una banda llena de nuevas ideas y con algo importante que decir. Esta es una nueva etapa donde me atrevo a decir que compiten contra sus mejores propias versiones.

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Kehlani — It Was Good Until It Wasn’t - Indie Rocks!