8
Polyvinyl Record / 2019
23/Ago/2019
Melina Mae Duterte comienza su carrera musical en Bandcamp al publicar nueve grabaciones durante finales del 2015 sin ningún nombre con el cual pudieran asociarla. Con eso bastó para ganar la suficiente atención como para lograr ser parte del aclamado sello independiente Polivynyl, y así lanzar su primer álbum Turn Into tan solo un año después bajo el nombre de Jay Som.
Si algo caracteriza a Jay Som, es el giro que le dio al bedroom pop. Es cierto que fue todo grabado en su cuarto con un estudio que ella mismo construyó, pero el sonido que logra generar a partir de esta sencilla instalación se aleja un poco de lo que es el bedroom pop convencional. En general, la mezcla entre la dulce voz de Melina, la exquisita composición y los efectos de guitarra se resumen una contagiosa y agradable experiencia que se ha mantenido a lo largo de su carrera. Inclusive hasta su reciente lanzamiento Anak Ko aunque al final esta pieza difiere en algunas cosas y en su mayoría para bien.
Melina siempre ha sido la mente maestra detrás de este gran proyecto al componer, grabar y producir ella misma todo el material que ha sacado y es algo que persiste en esta nueva entrega. Pero, a diferencia de sus trabajos pasados, aquí incluye colaboraciones bastante interesantes. Entre ellas Vagabon y Annie Truscott de Chastity Belt. Ambas fuertes exponentes femeninos del rock alternativo en la actualidad.
En general, las influencias van desde el indie rock, shoegaze, dream pop y hasta un poco de electrónica. La producción y mezcla han alcanzado niveles que se podrían sentir más profesionales, pero la calidez que ha transmitido desde siempre se mantiene.
Otro atributo que resalta durante el álbum fue la calidad de los arreglos. Se sienten mucho más innovadores y experimentales. En específico, un tema en el cual resalta de manera más pronunciada esta cualidad es en "Anak Ko", que absorbe y genera una experiencia inmersiva.
Por otro lado, "Nighttime Drive" se lleva la ovación con el título más acertado. Definitivamente es una pieza para ir escuchando durante un viaje nocturno en carretera. Entre la guitarra acústica, la suave voz, las líricas llenas de nostalgia y los arreglos que crean una atmósfera melancólica que va a la perfección con un escenario como el que describe el título.
"Superbike" es otro de los cortes que más me gustaron por la nostalgia que genera ante el rock noventero. Algunos actos como Cocteau Twins y The Cranberries me vienen a la mente y es una sensación bastante agradable.
Finalmente, "Devotion" es otro tema que destaca a mi parecer. La energía synth pop de los 80 que genera es muy envolvente y encantadora además de que siento que es uno de los temas que representan un progreso en el sonido de Jay Som. Pero es algo bastante personal, ya que en general podría decir lo mismo del álbum completo.
9
Question Everything / RCA / 2019
23/Ago/2019
Después de una tumultuosa temporada en la que cuatro discos vieron la luz en menos de un año y uno de sus miembros clave (Ameer Vann) fuera despedido tras serias acusaciones de abuso sexual y violencia; el grupo originario de Texas regresa con uno de sus trabajos más íntimos y conmovedores.
La fuerza de esta boy band que fluctúa entre el rap, el R&B, el soul y el pop se debe a la diversidad de sus miembros que complementan cada uno de los huecos que deja su compañero. Dicho lo anterior, Ginger llega como un bisturí que se encarga de abrir el pecho y exponer el corazón. Amor, sufrimiento, consciencia, crecimiento, inseguridades y plenitud son algunos de los temas que se exploran en cada una de los 12 tracks del álbum, cada uno desde una perspectiva diferente, pero siempre enfocada hacia el mismo punto: el propio narrador. No importa si la voz cambia, si es Kevin Abstract quien es escucha tras el micrófono o si es Joba; cada uno de los matices sobre los que las letras se tejen son apenas variaciones en la perspectiva de un fin común: el bienestar de uno mismo.
Tras escucharlo por primera vez, la sensación de melancolía e introspección no se va fácilmente. Pasan al menos cinco vueltas más al álbum completo para que este ensimismamiento deje de sentarme mal y comienzo a escuchar, por primera vez, cada una de las canciones: Aunque la atmósfera general del proyecto es bastante nostálgica y perfecta para tener un cigarro en la mano mientras sostienes un trago con la contraria, hay un espacio entre toda esa tristeza disfrazada de reflexión: justo cuando suenan “HEAVEN BELONGS TO YOU”, “ST. PERCY” e “IF YOU PRAY RIGHT” la sensación es de desencuentro y un rap crudo y “alegre” (que recuerda más a Saturation III) entra a nuestros oídos para irse tan rápido como llegó.
El álbum no es un compendio de hits que sonarán en la radio, ni tampoco lo pretende, es una mirada única (como cada disco del grupo) hacia los diferentes sentimientos que terminan embargando a cada uno de nosotros. La producción de cada uno de los cortes es algo a lo que nos tienen acostumbrados: buenos beats, mezclas bien logradas y letras que encajan perfectamente con los ritmos de cada pista. Sí, se siente por momentos como una secuela de Iridescence, pero tiene su propia magia: una transparencia palpable y que te obliga a enfrentarte a cada uno de tus demonios mientras escuchas “NO HALO”, a levantarte aunque no quieras cuando está sonando “BIG BOY” o a querer recuperar ese amor del que pasaste de largo con “VICTOR ROBERTS” (al menos para mí, los mejores tracks del disco junto con “SUGAR” y “BOY BYE”). Ginger no es una apología de los sentimientos, sino una crítica certera y amable a los mismos. Es el abrazo necesario… porque a veces también se trata de amarse a sí mismo.
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