9
BMG / 2016
05/Abr/2016
Gracias a sus composiciones e interpretaciones honestas, James ha sobrevivido el paso de los años. Con altas y bajas, aciertos y desaciertos, los de Manchester han logrado impecables álbumes, una fiel y larga lista de seguidores, y un regreso espectacular con Girl at The End of The World.
Con la producción de Max Dingel y su eterna amistad con el caos, de acuerdo a Tim Booth, esta entrega #14 ha sido el álbum más difícil y estresante de toda su carrera. Y es que con el paso de los años y después de algunas rupturas, su música no solo ha madurado, sino que hoy suena más fuerte que nunca.
A través de 12 historias que nacieron en el complejo inconsciente de Booth, James nos regala un disco cargado de energía y emoción. La intro larga de “Bitch” agudiza el oído con sonidos espaciales y guitarras con distorsión. Es hasta el minuto 2:09 cuando escuchamos a Booth, quien durante dos minutos y medio más contagia con un pegajoso coro.
“To My Surprise” supera por mucho al tema de inicio. Es una rola en la que los británicos te ponen a hacer lo que mejor saben: bailar. Ya entrados en calor, nos sorprenden con “Nothing But Love”, un track bastante melódico con coros estilo Beach Boys. La verdad es que un poco de romanticismo nunca viene mal.
Mark Hunter hace de las suyas con el piano en “Attention”. Nos regala una canción que toca fibras sensibles y crea una atmósfera de esperanza. Pronto escuchamos teclados y sonidos más sintéticos que nos recuerdan a otra leyenda de la música británica: New Order.
Sobre un escenario de suspenso, comienza a resonar “Dear John”. El mensaje es claro. Se trata de una despedida en la que el cambio de ritmo vocal es escalofriantemente hipnótico. Es la canción perfecta para dejar al amor de tu vida (o a cualquiera), y sentirte como en el clímax de una película.
Por otro lado tenemos a “Catapult”, un tema brillante que con un ritmo pegajoso y una declaración sincera, te invitan a subir el volumen de tus bocinas y cantar fuerte.
Enseguida podemos disfrutar de delicadas palabras en francés. Con “Alvin” se percibe que la fiesta está por terminar, pero de pronto llega “Walking” a seguir con el ambiente. Finalmente, llega el tema homónimo. “Girl at The End of The World” es, sin duda, el tema que perfectamente engloba la esencia de este material apocalíptico, y nos deja con ganas de más fin del mundo.
8
Hyperdub / 2016
05/Abr/2016
La forma en cómo percibe el mundo Fatima Al Qadiri es muy peculiar. Nació en Senegal para pronto mudarse a Kuwait y explotar su potencial en Nueva York. Se desarrolló como artista visual, y con casi un lustro como productora, ha conseguido una personalidad atractiva y muchos adeptos.
La DJ está de estreno con Brute, su segundo disco, donde saca a flote toda su experiencia con los varios EP y remixes que lleva a sus espaldas; además de ser parte de Future Brown -uno de los proyectos más interesantes en el mapa musical-, por lo que pasar un buen rato está garantizado.
Brute es un disco amenazador y futurista desde su portada, un telettubie vestido de algo que parece un policía antimotines con una mirada desorbitada. Trabajo a cargo del artista Josh Kline, esta vez el exterior define bien que nos vamos a encontrar con una placa poco convencional, oscura y con un sutil contenido social.
Contrario a Asiatisch, su primer álbum, que estaba lleno de influencias orientales y sonidos árabes, algo que representaba más sus orígenes, ahora mantiene una base sonora y explota otros elementos como las cuerdas; casi siempre hay un chelo poderoso penetrándote los oídos y sintetizadores que cantan, y otro de los componentes son voces que narran una protesta que se sale de control.
Es un disco destinado a crear atmósferas, con bajos potentes y a veces una forma brusca de terminar las canciones. No es una placa que te ponga a bailar, parece ser que funciona mejor como un acompañante, un complemento y no necesariamente el centro de atención.
Cortes como “Blood Moon”, “Curfew” o “Power” le dan identidad al material y deja la sensación que 36 minutos quedan un poco cortos. En resumen, es un disco muy agradable y puede definirse como la suma del choque cultural que Fatima ha experimentado: es una artista en pleno ascenso.
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