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Devil in the Woods / 2020
09/Jun/2020
Una banda significa pasión y sacrificio. Iniciar un proyecto puede ser complicado en niveles insospechados. La escala es de regular a malo y existe la posibilidad de pasarla pésimo en el intento. Aunque en México se han abierto muchas puertas y acortado varias brechas, la escena independiente siempre ha luchado por hacer las cosas ellos mismos. Viva el glorioso DIY, hay que decirlo. Para El Shirota el camino ha sido largo. Tanto así que tuvimos que esperar siete años para escuchar su debut en formato larga duración. ¿Valió la pena? Enteramente.
Como El Shirota lo marca, Tiempos Raros es una impresionante colección de rock alternativo inspirado en los 90 que suena fresco y nuevo y deliciosamente retro. Sin duda lo es. La honestidad impuesta en cada tema es grata de escuchar, el noise suele ser muy justo. Es el único género que no me gusta encasillar porque te lleva a muchas vertientes. Tienes desde The Velvet Underground, Sonic Youth, The Jesus Lizard y hasta Swans. Desde lo más ligero hasta lo atascado, ácido y poderoso que hacen reventar las bocinas y la cabeza. Fue enfilándose y pudriéndose para destruir cualquier estética y armonía. La religión de las pedaleras y los efectos de sonido.
Tiempos Raros está firmado por Devil In The Woods, disquera de Mike Cloward que busca darles difusión a bandas independientes, y donde también podemos encontrar a proyectos como Vaya Futuro y Sgt. Papers. La calidad se escucha, es un material muy bien producido y cuidado en muchos aspectos. Nada se pierde y el cuarteto siempre sale victorioso entre cada corte. La producción corre a cargo de ellos y la mezcla de David Lemus, bajista de la banda.
“Más de una Vez” la escuchamos a finales del año pasado y desde ese entonces sabíamos que algo bueno venía en camino. La nostalgia del grunge es ganadora si está bien hecha. Aquí sin duda cumplió su cometido y es algo con lo que El Shirota se escucha muy cómodo. Los riffs de las guitarras hacen una gran armonía con la voz de Ignacio. Casi llegamos a la mitad y los de Chiluca nos van llevando a su ritmo, lo que vivimos en la actualidad no podría quedar más acorde con el disco. Son Tiempos Raros. Una pausa hasta aquí, deben escuchar “Más de una Vez” de nueva cuenta, tal vez el mejor tema del disco.
“La Ciudad” trae el ritmo de nuevo para arriba, va en ascenso hasta explotar en repetidas ocasiones. El Shirota sabe hacer ruido, un sello de la casa. Es imposible dejar un tema afuera por comentar, todos tienen su toque, la banda no hizo un trabajo lineal o que sonara a lo mismo una y otra vez. “RTL” es una apuesta de más de 12 minutos que te hace vibrar. Parecería un jammin' acompañado de coros, pero va más allá. Es una canción muy bien construida que explota y se disuelve hasta entrar en la experimentación. Acierto tras acierto.
“¿Cuánto Falta?” se pregunta El Shirota, queda atrás la distorsión en las guitarras y llega un poco de calma en la tormenta. “A Dónde Voy (Revamp)”, aunque es el penúltimo tema, sin duda auspicia el final. Otro de los extractos que la banda nos permitió escuchar antes de la salida del material en su totalidad. La escuela de los 90 está muy impregnada. La última línea de bajo me recordó mucho a Kim Deal. “El Bob Rosendo” es el remate de punk grasoso y nihilista para patear y soltar golpes en un mosh pit. Vaya que hizo que se extrañara los conciertos con mucha fuerza durante poco más de un minuto. La cerveza por los cielos, algunos aventurados que volaban entre el público y la banda en turno destrozando el lugar. Era pura magia. El futuro ahora es incierto.
¿Qué podemos criticar de El Shirota? Son una de las apuestas nacionales más fuertes y este disco lo confirma. Directos y totalmente honestos, la agrupación encontró una fórmula para ser impredecibles y hacernos vibrar en más de una forma. ¡Únanse al ruido y revienten sus bocinas, no se van a arrepentir!
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Caroline Records / 2020
08/Jun/2020
“No hago activismo ¿Ok? Tengo amigas activistas y lo hacen genial. Todo lo que escribo pertenece al terreno de la imaginación y fantasía. No creo que eso sea algo político”, Jehnny Beth durante una charla con Laura Snapes (The Guardian).
No se asume como activista o como alguien que guía su creación musical y poética por el espectro de lo político. Como si estuviera alejada de la intencionalidad (disruptiva) de Effy Beth, Amélie Nothomb, Giorgio Agamben y Ursula Le Guin, Camille Berthomier insiste en que "solo es una artista". Plantea el potencial de las corporeidades desnudas y de las intimidades expuestas. Nos hace pensar en las facetas emocionales que implica el entrar en contacto con una realidad social en ebullición.
A pesar de los relatos a conveniencia, nos damos cuenta de que es posible parar y mirar hacia al interior. “¿Somos o elegimos ser?”, se cuestiona la activista con la que Jehnny comparte seudónimo. Cada vez, el contar(nos) se vuelve más una necesidad que una sugerencia: Somos la voz que nadie quiere escuchar. De poco en poco, nos incendiamos. Así lo recita la voz de “I Am”.
On the Digital Cover of issue 111 of Crack Magazine re upcoming album TO LOVE IS TO LIVE and book C.A.L.M...
Posted by Jehnny Beth on Tuesday, April 21, 2020
Por descuido, Jehnny Beth ha caído en la trampa y belleza de lo político: Nos invita a desmenuzar al mundo y a plantearlo desde lo que (no) es y lo que puede llegar a ser.
Trying to fix what’s wrong
To live’s to love
To live’s to sin
“Estoy desnuda todo el tiempo” confiesa Beth en la apertura de su debut como solista: To Love Is To Live (2020). Acompañada de una orquesta futurista, transiciones de piano (“I Am”) y saltos post punk (“A Place Above”) e industriales (“How Could You”), la artista niega cualquier simplismo de la desnudez. Estar desnudos/as nos hace pensar en la(s) vulnerabilidad(es) individual(es) y nos permite transitar entre la lógica de la mira(da) colectiva y el capricho moral ajeno: La seguridad propia puede ser el peligro del otro.
A Jehnny Beth no le incomoda la cacofonía; agrupa a la sexualidad, intimidad, complejidad y libertad en el mismo canasto: El entramado de “I’m The Man” y “Flower” se constituye como el rechazo a las narrativas hegemónicas (e instrumentales) sobre los roles de género y el capital erótico.
“Me ama y la amo. Pero no estoy segura de cómo tocar y satisfacerla ”, vocifera Beth al estar convencida de que las normas [religiosas, mediáticas y familiares] caducaron. Años atrás, nos contó el porqué abandonó Poitiers y, entre la percusión de “Innocence”, nos reitera que -al igual que muchas de nosotras- “sentía culpa porque fue educada como católica”.
La sexualidad es una vía para dejar huella en el mundo; es la prueba de que existimos y lo que nos complejiza como seres humanos. Eso es lo que hace la representación de las fantasías: Confianza y creencia de los lugares a los que pertenecemos”, Jehnny Beth en una entrevista con Crack Magazine.
Con To Love’s To Live, la cantautora demuestra que el tiempo es un privilegio, mucho más cuando las mujeres bisexuales, lesbianas y trans defendemos dimensiones de nuestra intimidad y lucha política: El placer sexual y la escenificación del deseo.
Las pinceladas melancólicas de Sara Jackson-Holman en “French Countryside” no logran ser distractores; el álbum continúa con el termostato flamante de “The Rooms” y la confrontación electrónica entre Jehnny y Joe Talbot (Idles) en “How Could You”: Tenemos ganas de llorar; detestamos la idea de que existen personas en búsqueda del odio como catalizador social. La defensa de un mundo iracundo es un clásico indispensable para aquellos que -por mero privilegio- buscan convencernos de una nocividad a la paz, al amor y a la creación de nuevas (y necesarias) formas de adaptación humana.
Jehnny es consciente y -aunque a estas alturas niega asumirse bajo un rol insurrecto- reconoce el potencial político de la imaginación y fantasía. A través de canciones que podrían ambientar alguna serie de HBO (por ejemplo Killing Eve, The Wire o The Handmaid’s Tale) y de personajes inspirados en la literatura de Goethe, Anaïs Nin y Jorge Luis Borges, la artista deja claro que es posible alterar el rumbo de nuestros pensamientos y enterrar decálogos violentos.
Giorgio Agamben (2011) escribe que “la desnudez es un acontecimiento que pertenece al tiempo y a la historia”. Hacer de la desnudez un espacio en el que la fantasía e imaginación se distancian de posiciones periféricas nos hace contradecir a Jehnny Beth. To Love Is To Live es una serie de statements que abogan por un mundo que prioriza cacofonías que guían el hacer político de muchas generaciones: Libertad, equidad, igualdad, solidaridad, diversidad y humanidad.
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