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Partisan Records / 2020
13/Mar/2020
Tras ocho años de inactividad Ultraísta, la agrupación compuesta por el productor y músico Nigel Godrich (quizá lo recuerdes por ser parte medular del sonido de Radiohead); el baterista de sesión Joey Waronker (Beck, R.E.M.) y la cantante y productora inglesa Laura Bettinson (aka FEMME), regresan con Sister, su segundo material de larga duración listo para estrenarse el día de hoy vía Partisan Records.
En su debut homónimo (Ultraísta, 2012) el trio dejó trazado un camino que experimentaba con el krautrock, la electrónica y el afrobeat; una especie de manifiesto sonoro influenciado por el arte pop, la poesía dadaísta y el cine que invitaba al baile con sus estructuras de rítmica impetuosa y el uso de sintetizadores como instrumento principal.
De esa misma veta – con la respectiva evolución y madurez que dan los años de trayectoria-, se desprende Sister, un álbum que, no solo da fe de las múltiples habilidades musicales de sus creadores, sino que nos los muestra una faceta menos rígida.
Mucho del trabajo que es posible escuchar en Sister, nació de algunas sesiones de improvisación capturadas entre Londres y Los Ángeles hace tiempo. Sesiones crudas que Godrich esculpió sin prisa y con sobrada maestría en el estudio, para crear un marco estructural en el que Laura y Joey pudieran germinar sus ideas. Como si de un cut-up (técnica creativa utilizada por los dadaístas) sonoro se tratara: Cortar, reordenar, re editar sonidos.
A lo largo de los nueve tracks que componen el disco (cuya duración apenas rebasa los 40 minutos), la premisa musical se ve claramente fundamentada a través del uso de sintetizadores texturizados, beats polirrítmicos, y la cándida voz de Laura Bettinson que, sin mucho movimiento en su rango vocal, cohesiona aquello que sucede a nivel instrumental.
Cimentándose en un esqueleto rítmico sólido, Ultraísta juega a edificar paisajes sonoros, en donde la combinación de elementos armónicos y melódicos se convierte en un caleidoscopio musical manejado con suma destreza.
Si el oído se presta a una escucha minuciosa, podrá encontrar que cada composición está llena de pequeños oasis a nivel de producción, mezcla, estructura, timbrica y armonía. Detalles exquisitos que te harán emocionarte dependiendo del nivel de tu obsesividad melómana.
La linea de bajo de “Water In My Veins”, la mezcla sonora de “Harmony” o la casi estroboscópica forma de utilizar los sintetizadores en “Mariella” por mencionar algunos ejemplos.
Sin embargo, es difícil negar que si tu escucha no es tan detallista, la atención puede distraerse sin esfuerzo, ya que al jugar con la misma formula en cada tema, los escenarios se van volviendo cada vez más imaginables, de manera que son realmente pocos los tracks generan algún sobresalto significativo.
Destacan “Tin King” primer sencillo de Sister, en donde la influencia de los ritmos africanos va cediendo su complejidad al baile con forma avanza el tema; “Anybody” , “Ordinary Boy” y su marcada influencia radioheadesca; el synth pop de “Bumblebees” con reminiscencias a The Postal Service; y “The Moon and Mercury”. En estos dos últimos temas lo predecible da un vuelco, dibujando en el paisaje recovecos sugestivos en donde incluso la voz de Bettinson se torna más vivaz y ondulante.
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iota5 Records / 2020
13/Mar/2020
Tanto tiempo sin escuchar un disco con una introducción instrumental, el feedback que precede a la furia de los riffs que tanto se extrañan y hacen falta, “Entropica”, la magnitud física que emana la necesidad de crear antes que destruir, la voz tan familiar y distante, cálida y atrayente, “Venus Lullaby”, el fresco arrullo del sonido de Puta Vulcano, digno de descubrimiento y apreciación. El candor del stoner rock que se fuga de los amplificadores, las evoluciones de las cuerdas dignas de headbanging, los estribillos poderosos, tinta negra para escribir un rabioso statement.
“First Light” y su ánimo punk thrasher, suciedad en tiempos de falsa belleza, los likes no hacen a los ídolos, y desde la tierra de Platón, ese género perdido llamado rock encuentra una pequeña flama para volver a arder en nuestros tímpanos. Euterpe se encuentra con Black Sabbath. “Black Box” en honor al arte perdido del grunge y sus acordes difusos que desatan en enojo, la voz de Anna Papathanasiou cual ángel y demonio, la cadencia del ritmo que muta como nuestro estado de ánimo permanente, la experimentación antes que la necesidad de crear hits.
“Sugar Cube” para regresarnos a rastras a la nostalgia por el ruido de la década de los 90, donde el nihilismo creaba obras de arte, himnos persistentes, y la influencia sigue en pie, esa lujuria por la amargura, y la delicada forma de transformarla en música. “Echoing Icons” como preludio instrumental a la alta causa de este tercer material de Puta Vulcano, el tema que hizo que volteáramos a ver esas efigies de mármol que más que recordarnos a las musas, nos evoca al poder femenino que en últimos tiempos ha encontrado la forma de gritarle al mundo que todo está mal: “No matter the distance I go, I’ll put my ear to the ground, my heartbeat drumming loud, a compass to home”.
“Apnea” y de nuevo el encanto del riff, el arte cada vez más perdido del punzar de los dedos en las cuerdas, el palm muting para controlar el ritmo difuso, la batería que marca el paso a la batalla anímica, la respiración que falla al dormir y también al despertar, pero también la bocanada de aire fresco en un panorama musical tan variado que no a todos alimenta por completo. Puta Volcano es aire fresco para los pulmones de acero, las mentes de fuego y las almas oscuras. “Torus” cual evolución de la guitarra de Dave Mustaine, la influencia del metal es evidente y evocadora, y esa voz que tan puede recordar viejos tiempos o bandas que quedaron en el olvido, también alimenta el ansia por el futuro encumbrado en el presente creativo y voraz.
“Space Blanket” en honor a la inspiración sideral en la música y el pensamiento, el descubrir nuevos mundos a través de los acordes y las frases, el ir más allá de los charts y las tendencias y salir de las mismas zonas de confort y que geográficamente dominan el panorama musical, desde Atenas con amor, “Kassandra’s Gift” y su delicada forma post rock ensoñadora para cerrar un nuevo ciclo y un disco que merece la escucha y apreciación gracias a su intempestivo gramaje de sensaciones y delicadeza sonora.
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