8
Sacred Bones Records / 2019
08/Nov/2019
Sanae Yamada y Ripley Johnson te llevarán de viaje a tu lugar lejano favorito, ese donde puedes observar la más fina claridad de las estrellas. Con la guía espiritual del sello Sacred Bones, que los ha respaldado desde sus inicios a principios de la década, los músicos de la gran meca de la psicodelia americana han compartido con la industria su nueva creación, titulada Stars Are The Light.
Bajo una portada de álbum que grita psicodelia, la primer pieza de Moon Duo te hace volar, literal, y es que “Flying” es un intro perfecto para transportarse lejos de este mundo. Las Coloradas, en Yucatán, por ejemplo. Pensando en que ahí se aprecian las estrellas en su más fino esplendor cósmico. Si tú lector, lectora no has estado ahí, esta es una invitación para considerar en tu próximas vacaciones.
“Stars Are The Light”, tema que encabeza el álbum de tan solo 8 canciones, es una oda a la tropicalidad y escena hippie de Estados Unidos; te invita a comenzar una danza contigo mismo y con el universo que te rodea, con ¿las estrellas, otros seres? La imaginación no tendrá fin cuando escuches el disco completo.
¿Qué sería de nosotros sin el planeta tierra? En “Fall (In Your Love)” y “The World and the Sun”, el dúo americano propone líricas que hablan del sol, de la posibilidad de quemarse, de caer en agujeros. Se esconde un beat proveniente del reggae en su base de bajo. Son notorias las bases de teclados con efectos que, si bien simulan aves y timbres de vegetación, también son cósmicos. Todo es un bucle exquisito de psicodelia acompañado de los requintos infalibles de Ripley.
Hasta aquí el viaje ha sido placentero y totalmente zen. Lo que viene después se asemeja a estar trepado a un proyectil espacial con destino a alguna galaxia exótica. “Lost Heads” aparece en la segunda parte del álbum, uno de los más chill dentro del catálogo de Moon Duo, a decir verdad. La gravedad se hace presente y te puedes sentir libre, sin ataduras. Hay un eco al sonido new wave de los 80 que te atrapa al instante y no te suelta de principio a fin en este gran track.
El final de de Stars Are The Light se acerca, pero seguimos entrados en el bucle psicodélico de los 60 y ahora estamos en una selva, Sanae y Ripley susurran a nuestros oídos y nos hipnotizan. “Eternal Shore” te envuelve en un trance adictivo, símbolo de una religión extremista al movimiento del cuerpo y la mente.
La vieja fórmula de otros álbumes anteriores como Occult Architecture Vol. 1 y 2 y Killing Time, surge de nuevo en “Eye 2 Eye” con guitarras veloces y loops envolventes. Para terminar, suena “Fever Night” que se aferran a su concepto inicial de aquelarre y disfrute existencial, con una balada que bien podría quedarse clavada en nuestra mente hasta la próxima vez que tengamos noticias de nuevos ruidos, coloridos y saturados de psicodelia, por parte de Moon Duo.
8
Warner Records / 2019
07/Nov/2019
Thebe no es un rapero underground en el estricto sentido de la palabra, pues hace ya bastantes años que salió a los reflectores junto con, el que fuera su grupo, Odd Future. Es bien conocido en el mundo de la música y considerado uno de los mejores exponentes de rap en el mundo… ¿o no?
La realidad es que la carrera musical del rapero no puede encasillarse en conceptos como mainstream o undeground (¿acaso puede hacerlo algo en este casi 2020?), pero si hay que tomar partido de alguno de ambos bandos lo justo es decir que los raps de Thebe pertenecen más a la categoría de lo no mediático… aunque su persona irremediablemente se encuentre del otro lado de la línea. Siete tracks, 15 minutos y múltiples observaciones a sus sentimientos más profundos es lo que encontramos en Feet of Clay.
El delivery de Earl en este EP recuerda a un poco a lo que MF DOOM suena en cualquiera de sus trabajos: un flow suelto que se centra más en dejar escapar sus pensamientos con rimas acertadas, que mantienen una aura oscura y depresiva, y no en hacerlo sonar espectacular acentuando punchlines y marcando los patrones que, sin embargo, se notan de manera natural. La experimentación en los beats y su textura robusta es una muestra clara de la influencia del rap under de Nueva York.
El disco es un cúmulo de niebla que se sobrepone a cualquiera de los sonidos y versos. Jazz, sonidos grabados en algún callejón, R&B, samples en reversa… todo lo que suena debajo de la voz de Earl (a veces se siente como si la base y sus rimas estuviesen grabadas en la misma frecuencia y canal) es confuso y opresivo. No hay un momento en el que ese sentimiento de agobio se vaya, ni siquiera en los silencios que más que relajarnos desconciertan en cuanto se hacen presentes. Pero en realidad esa es la magia del álbum; te mantiene en el borde de la desesperación con lo caótico de las instrumentales, mientras el sosiego en la voz de Sweatshirt te transmite un poco de calma (pero llena de un sabor lúgubre). Tampoco hay una canción que sobresalga sobre la otra, al menos en mi particular opinión: lo mismo te engancha con “74” cuando inicia el tour, como te mantiene a la expectativa en el cambio de beat en “MTOMB”. El final, que podría sentirse lo más pobre de todo el álbum, cierra de una manera sutil y apenas perceptible con “TISK TISK / COOKIES” y “4N”… lo que hace que quieras escucharlo todo de nuevo.
Al final, la sensación que se desprende de escuchar Feet of Clay es la de haber caminado por un circo o una feria, pero una salida de un cuento de terror. La emoción y la curiosidad se confunden con ansiedad, asco y desorientación. Es una mezcla de sonidos y sentimientos tan distantes que parecen inconexos y que, sin embargo, funcionan juntos. Es un recorrido por sus miedos, recuerdos y anhelos más bizarros y ¿oscuros? No, no es su mejor disco, ni el más triste (para eso tenemos Some Rap Songs), pero es un material digno de escucharse y que nos recuerda que no todo se trata de producciones estilizadas, sonidos genéricos y flows que apantallan.
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